Santuario natural de la tierra parque nacional de Cajas

El paraíso en las nubes Ecuador



Ecuador comprende un sin fin de paraísos naturales que albergan pequeños vergeles. Uno de ellos, emblemático para los ecuatorianos, parece que roza las nubes con sus 4.000 m. de altura. Es el Parque natural de Cajas, cuyo origen se encuentra en el Cuaternario y el tiempo ha obligado a ser testigo de una intensa actividad volcánica y glacial.

Parque nacional de cajas


Las grandes elevaciones parecen inmersas en las capas de neblina que invaden los valles en forma de cajas, y que dan su nombre al Parque donde están ubicados.

Mientras ascendemos, los guías nos advierten de los peligros del soroche, o mal de altura. Metro a metro vamos descubriendo las rocas dispersas y metamorfósicas que conforman los perfiles de las montañas de colores ocres.

Quizá lo más emblemático de este Parque sean las 232 lagunas de alta montaña, verdaderos espejos entre las brumas, alejadas las unas de las otras y unidas entre si por pequeños riachuelos. Aquí nacen los ríos de agua limpia y clara que después desembocarán el Pacifico y en el inmenso Amazonas.

Nadar entre las nubes


Como plataforma de salida, y a 3.800 m. de altura, la laguna Shallana, también llamada "del caballo", parece encajada en un valle perfecto rodeado de cumbres que se adivinan entre la niebla.

En su orilla, una yegua y su potro sacian la sed y dan origen a las leyendas de la zona que hablan de caballos salvajes y en especial de uno, el jefe de la manada y guardián de la laguna bautizada con su nombre, Shallana.

Y siguiendo este rosario de lagunas llegamos a la más emblemática: la Toreadora, donde encontramos un refugio y un centro de visitantes que sirve de acceso para las delegaciones de científicos que estudian los ciclos del agua y las profundidades, así como las diferentes formas de vida.

Según los informes de los biólogos, estas lagunas son un claro exponente de las especies introducidas con éxito: la trucha, por ejemplo, es hoy aquí algo más que un símbolo y la cantidad de ellas unido a sus tamaños portentosos atraen a pescadores de todos los lugares para las ya míticas concentraciones de pesca del Parque de Cajas.

En la periferia de esta laguna los caminos de herradura, como el de García Moreno, conectan la sierra con la costa y marcan la ruta arqueológica. A orillas del lago, los bosques centenarios de arboles quinua convierten los caminos en senderos de laces y sombras.

Continuamos el recorrido alrededor del corazón del Parque cruzando los valles cubiertos de estipe y páramos infinitos de pajonal andino. Al pie de la Laguna Verde los pastos ofrecen refugio y alimento a las llamas.

El sueño del soroche


Siguiendo la dirección de las nubes nos internamos en lo más profundo del área. Collados y miradores naturales encerrados en la niebla nos recompensan de la fatiga que produce esta altitud nos guían entre senderos hasta la Laguna de Burin. El camino ofrece gran variedad de atractivos.

Y seguimos descendiendo sobre esta orografía irregular hasta que frente a nosotros aparecen las cochas, pequeñas lagunas que sirven de santuario botánico. Pero seguimos caminando sin apenas detenernos, a través de una cuchara de piedra.

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Descendemos hasta los 4.300 m. sorteando los primeros yacimientos de ríos y cascadas, y después de caminar un buen trecho llegamos a una laguna, "Burin 8", rodeada por una niebla casi permanente que suele envolver la isla asentada en su centro.

Los ríos recién nacidos ganan fuerza y caudal a medida que descendemos. Barrancos naturales perfilan el espacio como gargantas de roca y los valles, de un verdor escocés, cobran vida en un descenso dibujado por la roca. Aquí comienza el cauce que forma la mayor laguna del Parque, Mamamag. Y luego, entre saltos de agua, surge el Camino del Inca, "Ingañan". Testigo de la época pre colonial, se conserva en buen estado y sirve de anfitrión para el Ultimo tramo de la expedición.

Tamboreal de Mamamag


Ingañan nos obliga a cruzar un valle repleto de vivos colores, enorme, enmarcado por paredes de roca y de cascadas y atravesado por un cañon que alberga al rio Mamamag.

La Naturaleza nos conduce hacia el primer asentamiento arqueológico: Incasa. Se catalogó las ruinas como un refugio para el primer gran asentamiento precolombino: Tamboreal de Mamamag. Las leyendas cuentan de la tremenda energía que se encuentra aquí, de las ruinas silenciosas, siempre protegidas, que son el lugar de relajación preferido por los caballos salvajes, los peregrinos de estas montañas.

Allí donde finaliza Ingañan comienza la selva de montaña bordeando la laguna.

Pequeños cortados se suceden en esta ruta del corazón del Parque de Cajas y, de pronto, nos damos cuenta de que se ha llevado a cabo un cambio en este policlima de la selva de montaña.

Enmarañada y salvaje, la selva rodeo la laguna de Mamamag y nos lleva a darnos cuenta de que descubrir caminos y cañadas, y lagunas y ríos incipientes entre rocas y cortados, es lo mismo que sentir a través de sus caminos, respirando la energía casi mágica de este misterio natural. Todas estas maravillas y mucho más es lo que ofrece el Parque Natural de Cajas.

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