Parque nacional de Ordesa y Monte perdido - España

La naturaleza y la arquitectura titánica ofrecen a los ojos de los viajeros como un idílico lugar donde pasar horas y horas contemplando magnifico paisaje.


Aquél que se las da de viajero no puede dejar de visitar una zona tan hermosa como paradójica. El Parque Natural de Ordesa y Monte Perdido ofrece visiones panorámicas, pero también regala detalles, fotografías concretas de flores que despuntan orgullosas sus pétalos helados por entre los riscos nevados o sobre las rocas talladas por la erosión del viento.


Las estaciones climáticas siembran en esta zona de los Pirineos cuadros dignos del mejor de los coleccionistas y cuando se logra recuperar el aliento, cortado por la altura y la falta de costumbre, uno se pierde en el silencio convencido de que nunca volver a vivir un momento como el presente, por más veces que vuelva al mismo lugar.


La sorpresa es constante en este descomunal conjunto calcáreo y es difícil describir cuál es el paisaje que más emociona. Escoger entre Sierra Custodia, aun virgen, o La Pineda, más accesible al turista, es difícil. Pero más difícil es decantarse entre la Cueva de Casteret, donde los sonidos son tan imaginarios como reales, O por Diaza, donde las rocas desperdigadas han adoptado caprichosas formas picudas bajo el viento implacable, o por aquellas cascadas por donde el agua baja por su propio peso en una caída libre puliendo las rocas y los saltos. El amanecer, ya sea de invierno como en verano, nunca es el mismo.

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Y lo mismo pasa con el ocaso que todo lo tiñe de oro y plata. Parece que la luz que nos baña sea diferente a la del resto del mundo en este trozo del Monte Perdido que desde la cima del Costadué diviso asombrada. La diversidad de vegetación es impresionante, pinos que desafían la ley de la gravedad, abetos altivos, matojos, boj duro, inalterable; Álamos elegantes y hayas nerviosas, sinuosas, estilizadas.


La primavera viste de verde a Ordesa y de aquellos parajes que parecían inhóspitos brota la hierba suavizando los riscos más afilados. El musgo tapiza las rocas como una moqueta de terciopelo y todas las clases de flores que uno pueda imaginar aparecen por doquier, salpicando el prado y la piedra.


Las vistas panorámicas sobre barrancos y abismos pueden transportarte a un mundo de en sueño, te hace creer que vuelas sobre un valle glaciar y el Parque se presenta bajo tus pies hasta el infinito, erosionando sin tregua las rocas bajo la fluidez del agua, eterna en el tiempo, tiñendo de rojo, de blanco o de azul las transparencias de Ordesa.

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