La ciudad de oro perdida en el desierto

Berenice (sudan)



Se han encontrado los restos de un núcleo de población. Lo más probable es que se trate de Berenice. Fue una ciudad donde los antiguos faraones egipcios hallaron oro que luego sirvió para decorar sus fastuosos palacios.

El invocado crepúsculo baña con su luz rasante las arenas del desierto. Solo un corazón venturero se metería en medio del Sudan, entre los montes Cristalinos, en busca de las minas de oro de los antiguos faraones, esta ya harta de corretear por este dédalo de ríos de fósiles, superando llanuras cubiertas de arenas blandas y zonas sembradas de rocas producidas por el desmoronamiento de los flancos de las montañas, obstáculos que someten a una dura prueba.

Después de mucho tiempo andar en clima agobiante aparece algo inesperado, en el horizonte más cercano de los que hay en el desierto rodeado de montañas, a lo largo de la línea formado por las dunas, las montañas y el cielo, se levantan unas murallas de por lo menos de seis metros de altura.

No puede tratarse de un espejismo, por que los espejismos uno cree ver lagos de agua o mares sembrados de islas, pero no se trata de construcciones tan impresionantes.

Se han localizado, en efecto; aljibes y pozos cubiertos de arena, refugios con las paredes cubiertas de jeroglíficos, entre los cuales era perfectamente reconocible el ideograma que represente el oro (nut), así como restos vasijas de factura egipcia, huesos de miembros de caravanas que probablemente se habían perdido en el desierto y habían muerto de sed y modestos aunque abundantes restos de yacimientos y de actividad minera.

El Papiro de Seti I, conservado en el museo Egipcio de Turín y considerado como el mapa cartográfico más antiguo que existe, indica de un modo muy claro la presencia de una zona de minas de oro y casa de mineros, un templo dedicado Ammón y un núcleo de población bastante consistente precisamente en el Desierto Oriental, entre el Nilo y el Mar Rojo, al pie de las montañas Rojas “donde se encuentra el oro”.

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Las construcciones resultan ser edificadas de planta casi cuadrada de unos 25 metros de lado. Son mampostería maciza de esquito metamórfico, un material abundante en la zona, unida con argamasa. Esta última es evidentemente importada, por que no hay huellas de caliza en la región.

La edificación situada al sur presenta una especie de patio rodeado de habitaciones cuyo acceso, en todo los casos, esta provisto de un arco de medio punto. Unas escalinatas bastante bien conservadas llevan hasta una explanada.

La segunda fortificación presenta otros elementos: en una de las paredes se abren una serie de pequeñas ventanas ordenadas en tres filas que indican una disposición en tres plantas y junto a esa misma pared hay dos torres cuadradas, pero por ello no se acaban las sorpresas.

Al Este y al Oeste de los castillos brotan de la arena del desierto rastros regulares de edificios, construcciones de planta circular o rectangular, aislados o en grupo, que revelan la existencia de un antiguo núcleo de población en una posición elevada.

En resumen se trata de un núcleo habitado compacto que tiene un desarrollo de unos 700 metros de longitud y que está atravesado por un eje viario principal enlosado de 5 metros de anchura.

Una verdadera ciudad articulada incluso en abriros periféricos que abarca una extensión de unos 2 kilómetros y que podría albergar a no menos de diez mil habitantes.

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