El tesoro de James Islas Cook

Una quincena de islas volcánicas, apenas habitadas, que emergen en el Pacifico meridional y que ocupan la mitad de la superficie de una isla como Ibiza. En cualquiera de ellas uno sentirá una fuerza irresistible que le obliga a quedarse... Y, entonces, se dará cuenta de que el mundo exterior queda muy lejos.


En las islas Cook, este paraíso halla su expresión tanto en la belleza de la tierra como en la intimidad de las pequeñas comunidades locales. Se refleja el espíritu y el encanto de esas poco conocidas islas Cook, una quincena de islas volcánicas y atolones de coral esparcidos por el Pacifico meridional, entre las Samoa, al Oeste, y las islas Sociedad y Australes, al Este, que se encuentran entre las estrellas más minúsculas del firmamento oceánico. Con una superficie total de solamente 240 Kilómetros cuadrados, apenas la mitad de la superficie de una isla como Ibiza, las islas Cook cubren una extensión marina tan vasta como seis veces y medio Italia.


Se dividen en un grupo septentrional y un grupo meridional; gran parte de las primeras son atolones escasamente poblados, difícilmente accesibles a los viajeros. Casi el 90 por ciento de sus 20.000 habitantes viven en las islas volcánicas del grupo meridional, muchas de las cuales están más cerca de Tahití que de las Cook septentrionales.

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Parece imposible que existan elementos comunes entre islas tan dispersas, pero recorriendo las Cook meridionales he descubierto cuales son los nexos que las unen.


Las Cook tienen vínculos históricos con las islas Samoa, con Tahití y con Nueva Zelanda. Según cuenta la leyenda, un guerrero procedente de Samoa y un navegante proveniente de Tahití se encontraron en el mar durante sus respectivos viajes de exploración y decidieron proseguir juntos la aventura hasta que finalmente descubrieron Rarotonga y se la dividieron. Muchos habitantes de las Cook afirman ser descendientes de Karika, el samoano, o de Tangiia, el tahitiano.


El descubrimiento europeo de las Cook se produjo por etapas, entre el siglo XVI y la primera mitad del XIX. Algunas de las islas fueron avistadas o visitadas, erróneamente registradas en los mapas y nuevamente descubiertas años más tarde. Desde entonces el archipiélago, que recibe su nombre del Capitán Cook, que descubrió cinco de las islas meridionales, ha experimentado una evolución algo distinta de la mayoría de los demás grupos polinesios. Las Cook eran demasiado pequeñas para que las potencias coloniales del siglo XIX codiciasen apoderarse de ellas, y el propio capitán Cook las había definido como «fragmentos separados del Globo».


Gran Bretaña las convirtió en un protectorado en 1888, y en 1901 fueron anexionadas a Nueva Zelanda. En 1965 obtuvieron la autonomía en el marco de una libre asociación con este país. Sus ciudadanos se administran por si mismos, pero son legalmente ciudadanos de Nueva Zelanda, que se ocupa de su defensa y proporciona ayuda económica. Las relaciones son cordiales: más de 20.000 nativos de las Cook viven y trabajan en Nueva Zelanda, y muchos de los turistas que pasan sus vacaciones en las Cook son neozelandeses.


Aproximadamente la mitad de la población de las Cook vive en Rarotonga, que no por ello parece una ciudad súper poblada o muy atareada. A menudo definida como o una Tahití en miniatura, Rarotonga es una isla volcánica de forma circular de unos 67 kilómetros cuadrados, cuyo centro es un amasijo de espesa vegetación y estribaciones montañosas, con cimas de más de 600 metros de altura.

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