El éxito y el fracaso de la felicidad

El éxito es uno de los factores a los que solemos atribuirle mucho peso con relación a la felicidad. El éxito es alcanzar un objetivo, llegar a una meta.


Para algunos es juntar el enganche para una casa, para otros es establecer su propio negocio, para unos mas es bajar tres kilos, o terminar la carrera, o irse a vivir solos, o correr 5 kilómetros diarios, o conseguir un empleo, encontrar la cura contra el cáncer o que por fin le salgan las albóndigas mejor que a la suegra al final de cuentas son metas.


Una meta es una meta sin importar cuanta relevancia tenga para la sociedad o cuanto valga en términos económicos.


En este sentido, el fracaso significa no alcanzar el objetivo. Pero cuidado, de pronto calificamos como "fracaso" algo que no lo es. Es común escuchar que alguien define como fracaso a un divorcio. La teoría es que el matrimonio no funcionó.

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Sin embargo, visto desde fuera, podría más bien ser un éxito: si no se comunicaban, no había confianza ni proyecto de pareja, ganas de estar con el otro, o, peor aún, había abuso o agresión, un divorcio bien podría considerarse un éxito, pues tomar la decisión y dar el paso es muy difícil, y en este sentido la separación legal es la meta.


Claro que hay quien para evitar los fracasos y la infelicidad que producen, eligen no ponerse ninguna meta. Según este razonamiento, si uno no se pone objetivos que alcanzar, no hay riesgo de fracasar.


Si lo que a ti te hace feliz es tener éxito en lo que te propones, entonces asegúrate de que tus planes de acción estén bien definidos para que lo logres la mayoría de las veces.


Para ello, asegúrate de saber exactamente cuál es tu meta (defínela), ser honesto sobre si está dentro de tus capacidades alcanzarla, que necesitas para hacerlo, cuáles son tus fortalezas y debilidades, que circunstancias podrían interferir en tu intento, quienes pueden ayudarte u obstaculizarte y define claramente tu plan de acción.


Ahora hablemos del fracaso: no bajaste los tres kilos, no juntaste para la casa, o no conquistaste a la persona que querías. Aunque estos hechos nos hacen sentir mal, y por lo tanto infelices, no debes engancharte en estos sentimientos porque todo fracaso incluye una enseñanza: qué hiciste mal, que circunstancias evitaron que lo lograras, que puedes hacer diferente la próxima vez, etc.


Así que no te hundas, y si bien tener conciencia de esta oportunidad de aprendizaje e introspección te hará sentir mejor, no necesariamente te hará feliz, hay muchas otras cosas que pueden hacerlo; no les cierres la puerta.

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