Cuentan que el camello, insigne en otro tiempo por sus descomunales orejas, se presentó lloroso y compungido al padre de los dioses:
Sonrió Zeus y exclamó:
—No puedo darte los cuernos que me pides, pero en cambio te quitaré las orejas.
"La envidia no es buena consejera. Cuando quieras mejorar en algo, hazlo con tu esfuerzo y por tu deseo de progresar, no porque tu vecino lo tenga"