El miedo al rechazo social

Aunque suene irrisorio, el miedo al rechazo provoca reacciones similares a las de Piglet, el puerquito amigo de Winnie Pooh. La frase predilecta de un Piglet seria "espérenme, no me dejen solo" o "mejor no me acerco, no me vayan a hacer a un lado".


Eso gritamos cuando somos presas del temor a ser rechazados. Este y otros comportamientos que permiten reconocer semejante miedo serían:

• No ser asertivo y carecer del coraje para actuar diferente (cita textual de un temeroso: "tienes razón"). Este proceder abarca desde usar la ropa que todos visten hasta no poder disentir ante una acción perjudicial.

• Ser permisivo, aun cuando el otro o nosotros suframos daño. Por ejemplo, estar enfermo y permanecer en la oficina por miedo a perder la confianza del jefe.

• Tener máscaras. Expresar rabia o enojo en privado solo te llena de caretas, conduce a comportamientos pasivo-agresivos con los demás e invita a los abusivos a jugar al gato y al ratón contigo. Además, al no mostrar tus sentimientos impides que los demás te conozcan.

• Negar el miedo al rechazo o adelantarte a el siendo huraño, grosero, egoísta y antisocial.

• Darle a otros el poder de definir quien eres y lo que vale la pena de tí.

• No atreverte a concertar una cita, a pedirle a quien te gusta que salga contigo, a iniciar una conversación (ojo, no es lo mismo que la timidez) porque percibes como una crítica a tu persona que te respondan "no, gracias”.

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