Fábula El hacha y el mango - Félix María Samaniego

Un hombre que en el bosque se miraba con un hacha sin mango, suplicaba a los árboles diesen la madera que más sólida fuera. Para hacerle uno fuerte y muy durable.


Al punto la arboleda innumerable le cedió el atontado, y el, contento, perfeccionando luego su instrumento, de rama en rama va cortando a gusto del alto roble el brazo más robusto.


Y a los árboles todos recorría, y mientras los mejores elegía, dijo la triste Encina al Fresno:


"¡Amigo, infeliz del que ayuda a su enemigo!"

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