¿Qué hacer con los cambios anímicos de los niños?

Ya sabes, no siempre estamos en el mismo estado anímico. Los chicos también tienen sus altibajos: a veces son dulces, cariñosos, tranquilos, como si los hubieran hecho según nuestros designios; pero, de repente, se dispara un resorte interior y al despertar de una siesta que se supone sea una experiencia tranquilizadora emergen displicentes o rebeldes.


En ese momento, uno se pregunta: ¿Qué pesadilla sufría o que le provocó el cambio? Esperamos que pase, pero el cambio no desaparece a la mañana siguiente, y la rebeldía persiste.


Según algunos psicólogos infantiles, el desequilibrio es parte del desarrollo de las personalidades de nuestros hijos. Vamos, no es que sea agradable, pero es normal.


La realidad es que a partir de los 18-24 meses, nuestros chiquitines pueden ponerse impacientes cuando no los comprendemos, dado que ellos intentan expresar sus necesidades, pero aún no disponen de las herramientas verbales para lograrlo.


Es cuando nos toca a nosotros ser pacientes con ellos. Esta es una etapa cuando los pequeñines sienten una dependencia especial por sus mamás; no es que dejen de sentirla después, pero esta es diferente. Aprovéchala, porque termina más rápido de lo que imaginas.

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