Casi todas las personas poseen el deseo de que la gente se interese más por ellos, que a veces puede ser sin lograr buenos resultados, lo que lleva a unas cuantas frustraciones al darse cuenta de lo difícil que puede resultar el encuentro con nuevos amigos.
Sucede que suspiramos el saber que contamos con muy pocos amigos o ninguno sincero que acuda cuando necesitamos de ellos, pero considera que no nos detenemos a reflexionar si nosotros no somos como aquellos de quienes nos quejamos. Para averiguarlo están las siguientes interrogantes:
¿Has visitado por lo menos de vez en cuando algún amigo?
¿Si encuentra a alguien que consideras que puede ser tu amigo lo saludas con entusiasmo?
¿Ellos comprenden por medio de tí lo mucho que te gusta escucharlos?
¿Los llamas por teléfono ante alguna situación de apoyo?
¿Te enteras cómo están tus amigos y haces algo por ayudarlos si tienen alguna necesidad?
¿Conoces las alegrías y las tristezas de ellos?
¿Te muestras interesado llevándole algún regalo en sus cumpleaños?
¿Respondes sus llamadas o le dices a alguien que no estás o que te encuentras ocupado?