Historia de reflexión para adolescentes

A Dios se le ocurrió poner una tienda en la cual los seres humanos pudieran comprar lo que necesitaban. Un ser confundido se presentó muy temprano y con cierto temor pidió si le podían vender la verdad.


La vendedora, por cierto un ángel muy bello, categóricamente celestial, cordialmente le cuestionó que si estaba seguro de lo que pedía, pues era un pedido muy ambicioso el querer adquirir la verdad absoluta. El hombre estuvo insistiendo, y por fin el ángel accedió a surtir su pedido, sin dejar de advertirle que el costo sería muy alto. El cliente, sin dudarlo, echó la mano a la chequera, dispuesto a pagar cualquier cantidad por la verdad.


Sin embargo, el ángel le advirtió, que la verdad no tenía precio alguno, sólo el costo de la responsabilidad de asumir el conocimiento de la verdad. El cliente titubeó un instante, y finalmente aceptó correr el riesgo sin importar las consecuencias. El ángel lo pasó a una sala especial, reservada para los clientes verdaderamente importantes, cuya ambición los había llevado a solicitar lo más costoso.


El lugar estaba extraordinariamente decorado, con un gusto exquisito. Le sirvieron una deliciosa bebida, pues el pedido lo merecía; plácidamente, la persona se instaló y vio sorprendido cómo, de una gaveta tallada en madera preciosa, el ángel sacó una bella caja de cristal cortado; con perfecto cuidado la depositó en una fina mesa.


El ángel le pidió que la abriera y se enterara de la verdad. El hombre titubeó un instante, pero, decidido al fin, se atrevió a abrirla a. Para su asombro, únicamente encontró unas letras que decían: Nadie es responsable de tu vida, sólo tú mismo; no culpes a ningún otro ser de lo que tú no has podido lograr, pues tu felicidad, tu realización y tu mediocridad, solamente tienen un autor: Tú.

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