La época que nos está tocando vivir es la más conflictiva a la que la humanidad se ha enfrentado en toda su historia. Estamos en el punto más alto de progreso y, también, en el punto más alto de retroceso. Por un lado tenemos avances tecnológicos que antes ni siquiera se podían imaginar, y por el otro, estamos arruinando nuestro planeta.
Las estructuras sociales básicas, como la familia, están viviendo como nunca un altísimo grado de desintegración, como lo demuestra el aterrador índice de divorcios.
Todo esto es un indicador de que, en medio de todo este increíble progreso, y de este ritmo vertiginoso de la vida, hay valores que se están perdiendo, y que pertenecen a la categoría de los que no deberían cambiar.
¿Algunos ejemplos? Existen muchísimos. Eligiendo al azar, podemos comenzar, por ejemplo, con el aspecto sexual. Hoy el sexo ha perdido buena parte de su misterio y, tal vez, mucho de su verdadero sentido.
Parece ser de lo más normal que una muchacha se acueste con un galán, y con otro, y con otro, o viceversa, desperdiciando su sexualidad por motivos tontos como la presión de grupo, o el impulso del momento (esto es una crisis de auto-respeto). Esto es dañino porque deteriora la importancia de formar una pareja.
Liguémoslo con la facilidad para obtener un divorcio, con la nueva actitud mental de que te casas a ver si funciona y no porque quieras estar con esa persona toda tu vida, y tenemos una pareja que no se está formando sobre bases sólidas y que, en consecuencia, no será capaz de enfrentar las crisis. ¿Resultado? Otra familia desintegrada.
De la familia desintegrada sacamos otros valores fundamentales, que están hechos pedazos: la unión familiar, el respeto a la autoridad, el amor. Joven piensa bien sobre tu vida antes que la arruines.
K pasa cuando pierdo mi moral
este trabajo me parece una reflexión para todas las personas pero mas para los adolescentes