La necesidad de no hacer nada con la pereza

Ya es escaso el tiempo libre cada el que se tiene. Y se le ha llamado educadamente, “tiempo de ocio”, que es el tiempo que queda tras el tiempo de trabajo, que por cierto se suele llenar de actividades obligatorias, pero socialmente valoradas como para justificar que es válido y que lo merecen.

Y es que permanecer sin hacer nada, está muy mal visto; ya que constituye una forma de desconexión que es completamente necesaria, aunque, aparentemente, no nos aporte nada.

La verdad es que la pereza es sana cuando satisface la necesidad de descanso, también es verdad que se vuelve insana cuando es fruto de la desgana y de la huida de las propias obligaciones.

La pereza no puede terminar en apatía porque el mecanismo del aburrimiento se despierta en la misma persona si están demasiado tiempo desocupados. Pero también sucede que muchas personas encuentran en la pereza el aliado perfecto para justificar su inactividad.

Lo que se trata de ilustrar de la pereza es que no solo lleva a desatender lo necesario, sino también el resto de intereses, convirtiéndose en presos de su propia inercia.

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