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El tono y la tesitura de nuestra voz son únicos. Tenemos ciertas muletillas al hablar, nos comemos quizá algunas letras, hay quienes hablan como ametralladora y quienes lo hacen despacito, y todo esto de manera natural.
Sin embargo, hay ciertas cosas en las que puedes fijarte de manera especial: la modulación y la dicción.
La modulación le da ritmo a tus oraciones. Intenta decir, sin cambiar el tono: "El fuego consumía el edificio y de una ventana del segundo piso se asomó una mujer gritando: '¡salven a mi bebe!'; un bombero entro sin considerar el peligro pero ya nadie salió de allí". Ahora léelo haciendo pausas y elevando la voz en los puntos clave y nota la diferencia.
Tener buena dicción es emitir las palabras de manera clara, diciendo cada letra. Esto es importante porque para cualquiera es molesto tratar de adivinar que dices o interrumpirte constantemente con un "¿Perdón?", "¿cómo?", "¿Me lo puedes repetir?".
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