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Aspirar a la excelencia en todo no es malo, pero el no tener flexibilidad para aceptar que no siempre es posible constituye un problema para el perfeccionista y para quienes lo rodean.
Cuando pretendemos practicar las virtudes hasta el extremo, aparecen los vicios. Criticamos a la perfección misma. Esto nos acerca al mundo delos perfeccionistas, quienes se obsesionan por el orden y la limpieza, no se permiten fracasar, se sienten culpables y ansiosos cuando no tienen nada que hacer, no toleran la incompetencia propia o ajena y se muestran fríos sentimentalmente.
El perfeccionismo tiene dos caras: la positiva cuenta con tenacidad, constancia, entrega y responsabilidad; la negativa esta llena de obsesión, tensión e intolerancia. Todo es cuestión de niveles: una cosa es intentar hacer bien las cosas y otra es presionarse para ser el mejor en todos los aspectos de la vida.
El perfeccionismo suele aparecer desde la infancia. Cuando los padres trazan metas demasiado altas para sus hijos o son sumamente rígidos en las actividades de estos, van creando una idea de como deben ser las cosas. A la larga, el niño lo aprende y lo repite para complacer a sus padres y ganarse el cariño y el respeto que quizá por otros medios le parece que no alcanza. Esta tendencia se refuerza si durante la adolescencia se sigue con los mismos patrones.
El perfeccionismo hace que se viva a merced de un tiempo que oprime y deja poco espacio para disfrutar de pequeños detalles, porque "todo debe ser aprovechado", "producir “o "ser Distraerse, relajarse, andar sin prisas o vivir el momento es visto como una perdida de tiempo. Y la vida pasa de largo sin la posibilidad de volver atrás.
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