|
Al pedir perdón reconocemos que hemos cometido un error. Por lo general nuestra falta ocasionó que el otro sintiera nuestra acción directamente en su concepto de si mismo y que pareciera que este era considerado poca cosa para nosotros.
¿Se trata entonces de admitir que la culpa de un pleito o de una discusión es nuestra siempre? No, es cierto que a veces no somos nosotros quienes las iniciamos pero si podemos evitarlas o resolverlas, y al reconocer esto ya tenemos un grado de conciencia superior con nuestro interlocutor.
Para pedirle a alguien a quien hemos causado un daño (en ocasiones inevitable) que nos otorgue su perdón, es necesario:
• Reconocer la ofensa diciendo exactamente que hicimos (te insulte, te golpee, te asalte, te humille, te deje en la ruina, no fui a tu boda, te ignore, me pase el alto, etc.). Los típicos "perdóname si te ofendí" funcionan poco porque denotamos ignorar como herimos al otro.
• Pedir perdón con convencimiento; es decir, no como compromiso, de pasadita y en voz baja, ni con una actitud alegre y desenfadada, sino demostrando estar conscientes tanto de lo que estamos solicitando como de lo que hicimos.
• Desarrollar empatía por el otro. Ponernos en su lugar y "sentir" lo que siente.
• Nunca esta de más agregar un "por favor".
Explicar nuestros actos no los justifica necesariamente, pero ayuda a que el otro comprenda o se entere del contexto: no lo apunte en la agenda, no me fije.
Decir que no volverá a ocurrir o que intentaras que así sea implica que has aprendido algo de esta situación y habla bien de ti.
|