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Para acabar con la pereza en la vida es preciso tener consciencia de la necesidad de vencerla, pues si no se da cuenta uno mismo de que se tiene un problema, evidentemente, no se podrá resolverlo.
Esto sucede, por ejemplo, en el caso de muchas madres que evitan educar a sus hijos en la realización de tareas domesticas, bien puede ser por un exceso de mimo o porque, inconscientemente, buscan seguir siendo necesarias para ellos.
Aparte de tomar conciencia, para acabar con la indolencia es necesario reactivar la ya congelada voluntad a través de la disciplina.
Muchas personas funcionan muy bien adelantando el máximo posible de tareas para poder “quitárselas de encima”; en cambio hay personas, que sienten que funcionan mejor dejándolo para el último momento, bien porque son naturalmente perezosas, bien porque perciben que la presión del tiempo constituye para ellas una motivación mucho más poderosa que su propia voluntad.
Recuerden la clave está en el uso de la voluntad.
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