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En al AT, el sacrificio es un acto del culto, tan importante que se considera indispensable. Hoy entendemos por “sacrificio” la inmolación de un animal, es decir de matarlo para ofrecerlo a Dios. Para los hebreos, esta era tan solo una de las formas posibles del sacrificio, quizá la principal pero no la única. También había ofrendas de alimentos, de bebidas y del incienso.
En cuanto a su propósito, el sacrificio podía ser de gratitud (o acción de gracias), de expiación por los pecados (en que se pide perdón a Dios), de reconciliación con Dios o de purificación. Una de las formas principales del sacrificio era el holocausto. Jesucristo, mediante su muerte en la cruz, hace la ofrenda de su cuerpo, “una vez para siempre” por los pecados de todo el mundo (Heb 10.10, Jn 1.29).
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