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Nunca se te ocurra ponerle alcohol a los zapatos que te queden justos porque el cuero se echa a perder. Lo mejor y quizá es hacer lo siguiente: rellena los zapatos con algún recipiente vacio (frascos de mermelada, por ejemplo) que ejerzan presión sobre el material del calzado. Déjalos así durante toda la noche, y checa los resultados a la mañana siguiente.
Si esto no resulta, lleva los zapatos a una tienda donde reparen calzado. Es muy posible que ellos puedan ayudarte con aparatos especiales.
La recomendación es: nunca compres zapatos más pequeños que tus pies, pensando que con el uso pueden estirarse. Solo conseguirás dañar tus pies.
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