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Concentrarte en tu respiración puede ser todo lo que necesites para calmarte. Practica esta técnica: acostada boca arriba, con las piernas flexionadas y los pies apoyados en el piso, pon tu mano sobre el ombligo y respira profundo hasta que sientas que la parte baja de tu vientre sube mientras inhalas y desciende mientras exhalas.
No solo el ritmo es tranquilizante sino que la respiración abdominal estimula directamente la parte del sistema nervioso que combate el estrés. Trata de hacerlo sentada y tendrás siempre a mano un recurso muy efectivo para reducir el estrés en la oficina.
Y no te preocupes si ves tu estómago salir: este tipo de respiración tonifica los músculos abdominales.
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