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Teseo el renegón era un campesino muy trabajador, pero si algo le salía mal empezaba a renegar así: “Rayos esto es una maldición”. Y así era siempre Teseo maldiciendo a las cosas como si tuvieran la culpa.

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Cierta vez, desde muy temprano salió con su carreta hacia al pueblo de San Jasmeo. La mañana era fresca y los pájaros, todo parecía perfecto hasta que la carreta se atascó. Una llanta hundida en lodo del camino, entonces Teseo comenzó a manotear y maldecir, pero no hizo nada resolver el problema.
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De pronto, Teseo se acordó de Atlas, un personaje muy poderoso, que según la leyenda era capaz de cargar el mundo sobre la espalda.
“¡Atlas! ¡Ven a sacar a mi carreta! ¡Ayúdame por favor! ¡Tengo que llegar a San Jasmeo!” Teseo lo había invocado y estaba seguro de el vendría a ayudarlo.
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En ese momento Atlas apareció y le dijo: “¿Qué es lo que quieres?” contestó Teseo: “Bueno… eh, ah, este lo que pasa es que mi carreta se atascó y no puedo sacarla yo solo”
Atlas contestó: “¿Mmm así que no puedes? ¿Y qué? ¿Piensas que yo la voy a sacar? Pero para que veas que soy bueno te ayudaré, pero debes de hacer lo que yo te diga. Primero limpia el lodo de la llanta, luego coloca tierra seca y piedras pequeñas delante de ella” Teseo obedeció, con la esperanza de que Atlas hiciera todo lo demás.
“Ahora, toma ese tronco y ponlo detrás de la llanta, arrea tu caballo y cuando la carreta se mueva empuja el tronco” le dijo Atlas y Teseo obedeció arreó su caballo y cada vez que la llanta se movía, el empujaba un poco más el tronco y así poco a poco, la carreta salió del lodazal.
“¡Gracias Atlas! Sin tu ayuda mi carreta aún seguiría atascada” le dijo Teseo, Atlas contestó: “Pero si fuiste tú quien hizo todo, sólo deja de renegar y maldecir a las cosas, y busca como solucionar los problemas, ya vistes que yo no hice nada” cuando terminó de decir eso desapareció misteriosamente.
Teseo continuó su camino hacia San Jasmeo y desde ese día Teseo dejó de renegar tanto y trata de resolver sus problemas el sólo.
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