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Una tarde de verano una hormiga salió de su hormiguero en busca de alimentos.
Buscando, buscando, encontró una espiga de avena.
“¿Cómo podré llevármela?” Pensó y dijo: “¡La espiga es tan grande y yo tan chiquita! Necesito que alguien me ayude”
Entonces se subió a un pedacito de madera para divisor. A la hormiga le pareció que la maderita era como una torre alta, altísima, desde allí descubrió a dos compañeras que se acercaban.
“¡Eeeeh, eeeh! ¡Vengan pronto, que he descubierto una cosa muy buena!” Les gritó en su lenguaje hormiga.
Las tres hormigas se reunieron junto a la espiga de avena. La cogieron entre todas y la arrastraron hasta el hormiguero. La que una sola no pudo hacer, lo hicieron las tres fácilmente.
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