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La culebra tiene dos partes, igualmente enemigas del género humano: la cabeza y la cola, y ambas han prestado grandes servicios a la Muerte, hasta el punto de que antaño tuvieron largas disputas sobre cuál debía ir adelante. La cabeza había ido siempre en la vanguardia. La cola estaba muy quejosa por eso; decía:
Hago leguas y más leguas de camino, al capricho de esta. ¿Ha de someterme siempre ella? Soy humilde secuaz y eso no debe ser. Hermana suya me han hecho, y no sierva ¿No somos de la misma sangre? Que nos traten, pues, de igual manera. Lo mismo que ella, tengo veneno poderoso y activo. Mi deseo es que se disponga todo de modo que, por turno, preceda yo a mi hermana la cabeza. La conduciré tan bien que ni tendrá motive de queja.
La súplica fue escuchada. ¡Qué malos resultados tiene a veces la condescendencia! La nueva conductora, que en pleno día no veía más claro que en boca de lobo, topaba con los árboles, con las Piedras, con los animales, y de tumbo en tumbo, despeñó a su hermana en la laguna Estigia.
Cada parte del cuerpo tiene su misión especial, de igual importancia. Querer alterar los bienes de la naturaleza es absurdo.
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