Había una vez en un reino lejano, hace muchos años, había un rey que se llamado Jorge el Grande. El rey Jorge estaba
preocupado porque su única hija no quería casarse. "¿Quién heredará el reino si no tengo nietos ni
nietas?", pensaba el rey.

La princesa un día dijo: "Padre, yo quiero como esposo al más valiente del reino.
Sólo me casaré con quien sea capaz de traerme los tesoros del castillo encantado". "¿Los tesoros de castillo
encantado? ¡Es imposible! Nadie se atreve a ir al castillo encantando. Dicen que hay fantasmas horribles y brujas muy peligrosas".
Con gran desesperación, el rey convocó a todos los consejeros del reino para buscar una solución. Pensando
y pensando, encontraron una: Anunciarían que la princesaa tomaría como esposo al joven que le llevara los tesoros del
castillo encantado entonces un pregonero real llevó la noticia que decía así: "¡¡La princesa tomará
por esposo al más valiente solo si le llevan los tesoros del castillo encantado!!".
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Al escuchar el mensaje, los
jóvenes se entusismaban, pero se morín de miedo. "El castillo es demaciado peligroso" pensaban. Nadie quería
correr tan grandes riesgos.
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Y así pasaron muchos días y meses hasta que una mañana un joven degaldo, de corta
estatura y de apariencia débil pidó hablar con el rey. Dijo el joven: "Su majestad, he escuchado al pregonero.Se que
busca al hombre más valiente del reino, a un hombre que se atreva a entrar al castillo encantado". contesó el rey:
"¡Así es! ¿Conoces a un hombre tan fuerte y valiente?" el joven dijo de nuevo: "Majestad, si me da su consentimiento
seré yo quien traiga los tesoros." "¡¡Ja,ja,ja,ja,ja uuuuhhhhhhh yii jajai!!" se rió el rey y dijo: "Que buen
chiste, eres demasiado soñador je,je. No tienes ni la fuerza ni la altura para je,je enfrentar a los peligros del castillo je,je".
Dijo de nuevo el joven con firmeza: "Majestad, a mí me llaman Juan sin miedo por que no le temo a nada".
El rey no
podía creele, pero finalmente le dio su consentimiento. Y así, Juan sin miedo se dirigió al castillo
encantado, adonde nadie en el reino se trevía entrar.
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Dentro del castillo todo estaba oscuro. Jun no no podía
ver nada. A tientas y tropezones caminó por un pasillo hasta que, de pronto, vio frente a él un fantasma. Juan lo
saludó muy entusiasmado, sin sentir ningún temor. El fantasma se fue volando hacia el comedor y Juan lo
siguió. ¡¡Cuas!! ¡¡Tras!! ¡¡Cras!! escuchó Juan de repente. Volteó y vio que por las escaleras bajaba
una cadena muy larga que parecía una serpiente furiosa.
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Juan siguio caminando y al llegar al comedor encontró
brujas moradas, con manos, labios y cabellos rojos. También había fantasmas con orejas largas y puntiagudas que
se reían a carcajadas. El fantasma más grande le gritó: "¡¡¡Ven, Juan, a ver si te atreves a cenar con
nosotros!!!".
Juan, que sentía gran apetito, aceptó gustoso. Se sentó a la mesa y saboreó el
delicioso platillo que había preparados las brujas: renacuajos y vívoras en escabeche. Juan cenó y muy
satisfecho les dio las gracias y se fue a dormir.
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Mientras Juan dormí sintió que su cama se elevaba. Se dio cuenta
de que volaba por todas las habitaciones. "¡Qué divertido! No hay por qué temer" pensaba Juan, por fin, la cama
volvió al suelo y Juan se quedó dormido. Al día siguiente, cuando Juan despertó, las brujas y los
fantasmas rodeban su cama.
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Entonces le dijeron:"Eres el primero en tratarnos sin miedo y con amabilidad, por eso queremos
regalarte los tesoros del castillo encantado" Las brujas le entregaron a Juan un saco de monedas de oro y él, muy contento,
abrazó a cada bruja.
Despúes, con el saco en la espalda, salió rumbo al palacio del rey. Cuando llegó,
todos los habitantes del palacio aplaudieron. El rey y la princesa salieron para recibir a Juan. Él les platicó
sus aventuras en el castillo.
Todos admiraron el valor de Juan y comprendieron que para enfrentar los peligros es importante no
guiarse por las apariencias ni dejarse vencer por miedo.
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El día de su boda, Juan y la princesa estaban muy felices y
repartieron las monedas de oro entre los habitantes del reino. Fin
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