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Es voz común que a más del mediodía ayunas la zorra iba cazando. Halla una parra, quedándose mirando de la alta vid el fruto que pedía. Le causaba mil ansias y congojas no alcanzar a las uvas con la garra, al mostrar sus dientes a la alta parra de negros racimos entre verdes hojas.
Miró, saltó y anduvo en probaduras, pero vio el imposible ya de fijo. Entonces fue cuando la zorra dijo:
¡No las quiero comer! ¡No están maduras!
No por eso te muestres impaciente si se te frustra, algún intento; aplica bien el cuento y di:
¡No están maduras! Frescamente.
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