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Hacemos todos cuentas galanas, y son tantos los locos que corren tras de vanas sombras, que no es posible contarlos.
En cierta ocasión un perro, al pasar un río, vio reproducida en la corriente la presa que llevaba en la boca; la soltó para echarse sobre aquella sombra, y por poco se ahoga, porque el río creció de pronto y con gran trabajo pudo salir a la orilla, quedándose sin la presa que tenía y sin la que ambicionaba.
Son muchos los locos que corren tras de vanas sombras y no es posible contarlos.
No hay que despreciar lo seguro por aquello que es ilusión.
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