|
Había una vez un niñita llamada Anita, un día nevó y Anita tomando puñados de nieve con sus manitas, se entregó a la tarea de moldearla.
Fabricó un niñito precioso, redondo, con ojos de carbón y un botón rojo por boca. Pero pronto, los rayos de sol derritieron al muñeco de nieve sin dejar más rastro de su existencia más que un charquito con dos carbones y un botón rojo. La niña lloro con desconsuelo.
Entonces, un viejecito le dijo dulcemente: Seca tus lagrimas, pequeña, por que acabas de recibir una gran lección: ahora ya sabes que no debe ponerse el corazón en cosas que no duran.
|