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A pesar de la molestia que para los padres supone despertase, levantarse y preparar un biberón a medianoche, algunas mamás esta ocupación por el supuesto bienestar de sus hijos y mantienen la rutina.
Si bien es cierto que antes o después llegará el momento en que el por iniciativa propia, dejará de despertarse reclamando más comida, no lo es menos que a partir de los 10-12 meses, el aparato digestivo de los niños, como el de los adultos, necesita un periodo de reposo, un “on-off” en la alimentación para mantenerse en perfectas condiciones.
Si el niño normalmente come bien, no está resfriado y no esta pasando por ningún periodo difícil, cambia de niñera... puedes intentar variar sus hábitos.
Deshacer el camino, al principio, no parece tarea fácil, pero con paciencia y siguiendo ciertos consejos se puede conseguir en un plazo de unos quince días.
El niño, si ha comido bien, no se despierta por hambre (aunque se tome el biberón), sino porque se ha acostumbrado a tenerte cerca y tu presencia, cuando se despierta a medianoche, le inspira seguridad y confort.
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